Ananda: un yoga más íntimo

Ananda: un yoga más íntimo

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El mundo en el que vivimos está cambiando vertiginosamente. Entre las nuevas tendencias que se instauran día a día, el wellness es una de las que se ha engarzado más firmemente en Occidente y ha transformado nuestra forma de vivir. Qué es dormir bien, qué es comer sano, qué es consumir inteligentemente y qué ejercitarse de buena manera son algunas de las cuestiones que discute; no obstante, su alcance va mucho más allá de redefinir la idea de “bienestar”, modificando las cadenas productivas (orgánico vs. transgénico / alternativo vs. stablishment), el mercado (slow food vs. fast food) y las posiciones políticas y filosóficas de las personas (animalistas, amantes del fitness, conservacionistas, veganos, meditadores new age, neohippies y un larguísimo etcétera).

El wellness ha llegado para quedarse, su permanencia es innegable y en poco tiempo ha configurado el “clima” adecuado no solo para que proliferen filosofías y emporios económicos como los de las redes de mercadeo (el caso más famoso es Herbalife), sino también modelos de negocio pequeños e innovadores en nuestro medio como las bioferias, los cafés ecológicos, los restaurantes veganos, los gimnasios de crossfit y los estudios de yoga. Entre este puñado de manifestaciones, el crecimiento exponencial de la movida yogui en Lima resalta como uno de los ejemplos más claros de la presencia del wellness en nuestra realidad.

Ananda es un estudio de yoga que participa de esta corriente. Fue fundado en 2013 por Aspasia Narváez, Maribel Álvarez y Mariela Salamanca, tres amigas y practicantes de yoga que decidieron profesionalizarse. Si nos preguntamos dónde estaban en ese entonces los clientes de un estudio de yoga en Lima, una ciudad hasta hace no mucho poco receptiva –por no decir prejuiciosa– frente a las filosofías y prácticas cargadas de exotismo, las palabras de Aspasia Narváez nos ubican: “Originalmente quisimos crear un servicio de yoga corporativo que consistía en visitar a las empresas y darles clases de yoga en sus propios lugares una o dos veces a la semana”. El mercado corporativo fue el primer target. Poco después, el azar, la falta de espacios habilitados en las empresas y la demanda forzarían a las tres yoguis a buscar un espacio pequeño en Barranco.

En ese entonces, el yoga, disciplina milenaria de la India conocida por sus múltiples beneficios a nivel físico, mental y emocional, comenzaba a hacerse cada vez más popular en nuestra capital, y Ananda tuvo éxito. “El grupo de gente creció y el espacio comenzó a quedarnos chico porque teníamos cada vez más horarios, ahí fue que decidimos dar el salto y constituirnos como un estudio, para lo que alquilamos el espacio que tenemos ahora en Miraflores”, nos cuenta Aspasia. Desde entonces, muchas personas ávidas de nuevos estímulos han encontrado en el estudio miraflorino el lugar indicado para satisfacer su búsqueda de bienestar mental y físico, su persecución de equilibrio integral.

La segunda parte del negocio de Ananda es más reciente y consiste en la certificación de profesores y el dictado de cursos de formación continua. Talleres alternos, seminarios y charlas, clases de anatomía y clases maestras con profesores internacionales constituyen esta otra fuente de ingresos. Y es que mientras las chicas trabajan por dar a conocer el yoga, también apuestan por profesionalizar la movida local. La idea no es solo que Ananda prospere, sino también ayudar a elevar el nivel de los profesores o, en palabras de Maribel, “dar la oportunidad de conocer esta hermosa práctica a todos, que haya más estudios y más personas practicando para formar una linda comunidad”.

Hasta el momento, su crecimiento ha sido notable: ahora tienen más de 35 horarios, clases de lunes a domingo y una buena cantidad de alumnos. Ofrecen diferentes estilos de yoga (Hatha y Vinyasa Yoga), cursos de certificación para profesores y cursos de formación continua. Además, cada dos meses, realizan algún taller o traen del extranjero profesores para dictar cursos y hacer pequeños workshops que abarcan desde la historia, los mantras y la filosofía del yoga, hasta los talleres especializados de posturas o asanas. Y ellas siguen aprendiendo y perfeccionándose, como puntualiza Mariela: “La información nunca acaba, es súper importante que siempre estés estudiando, leyendo sobre filosofía, anatomía, técnicas de respiración, siempre escuchando a otros profes y sobre todo a los alumnos”.

Con la explosión de la movida yogui, el terreno es fértil y el panorama favorable para que Ananda siga creciendo sobre sus raíces. Para el 2016 quieren aumentar su número de alumnos, ofrecer dos certificaciones de profesores al año y encontrar un lugar más grande. Gracias a su calidez en el trato, la enseñanza personalizada, los lazos de amistad y a la constante actualización, se han convertido en la opción alternativa dentro de un mercado de por sí alternativo. Ananda no es un estudio de yoga, es una familia.

+ info:

www.anandayoga.pe

www.facebook.com/pages/Ananda-Yoga-Per%C3%BA/1447848845461376?fref=ts